domingo, 12 de enero de 2014

"Porque nunca sabrás, cuando te marchas, cómo me quedo yo"

Cuando te vas,
hay una explosión de tristeza.
Se estallan mis ventanas
y llueven cristales.
Se fragmenta el suelo,
se desvanece el cielo
y se derrumban mis paredes.
Por mis venas aumenta la corriente
con ese fuego que ha derretido la escarcha de mi semblante.
Y una supernova de sentimientos residuales
aparece reverberando la explosión de repente.
Típico, ¿no?
Todo es silencio
y oscuridad podrida de miedo.
Todo se halla suspendido...
hasta las palabras que no nos hemos dicho,
y que ahora incluso en el aire pueden leerse.
Todo ocurre a cámara lenta.
Excepto el corazón...
el corazón cuando te vas se me acelera.
Todo está contaminado por tu ausencia
y una ráfaga de viento tapona mis oídos con el color de tu risa,
y llega hasta mi pelo
y, en vez de despeinarlo, lo acaricia;
como si tus manos aún permanecieran.
Entonces esa tristeza se posa sobre mis mejillas
y me recuerda que
te has ido,
y que yo no he sabido retenerte.
Que te has ido
y tu portazo ha creado un eco.
Ese eco que repite tu nombre,
y que recorre el corazón en forma de golpes secos,
porque la puerta está cerrada,
y no puede salir a intentar detenerte
para que no te vayas,
para que aún te quedes.
Para que echarte de menos 
no se convierta en algo habitual.

jueves, 2 de enero de 2014

Sin tú querer, ni yo quererlo.

Si yo hubiera o hubiese,
tú estarías.
Y yo querría, quisiese
que te quedaras. Te quedarías.
¿Pero fue, y no pudimos?
¿Pero fue, y no quisimos?
Pero fue, y fuimos.
Pero yo sigo.
Y quiero querer y quiero
que tú quieras. Y quieres.
Porque no es lo mismo querer
que quererte.
Y si tú quisieras o quisieses
permanecer; permaneciese.
Si tú me quisieras o quisieses,
si tú quisieras, y quieres
ser, porque fuimos;
seamos, porque somos
y seremos.
Ahora, antes y siempre.
Porque aún hay tiempo,
aún espacio.
Porque aún me quieres, y aún te quiero.
Y aún quisiéramos, y queremos. Ambos.
Y por eso sigo, seguimos, seguiremos.
Por eso escribo, te escribo.
Por eso creo, creemos.
Por eso todo tiene sentido:
porque aún me quieres, y te quiero.
P.D: Bienvenido 2014. Otro año más al lado de los míos. Es para ellos. Gracias por tanto.

"Te quiero.
Ya sé que termino igual
todos los mensajes
pero es que me da pánico que se te olvide.
Que entre distancias y cosas nuevas
crezca una pregunta en tu estómago.
Que un día te tomes un café en a saber dónde
y dudes.
No hay nada más peligroso
ni humano
que una duda.
Así que solo estoy tomando mis medidas."
Escandar Algeet.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Pseudopoesía

Que de un hola y un adiós y viceversa
multiplicado por las doce veces que pestañeo por segundo
cuando me miras a los ojos,
para que no se me escapen las estrellas que me produces
y cieguen tus pupilas de purpurina;
se cosieron el roto y el descosido
que a tontas y a locas se pelean y desean
construyendo esas dos mitades
que, unidas, evocan eso que solía llamar corazón,
que se acelera cuando te acercas
y se dilata cuando te marchas.

Que de ese tiro, y aflojo,
te miro y luego me escondo,
y de esa costumbre
de escupirnos con tirachinas las caricias,
esta boca inquieta
ha quedado sometida
a la toxina de tu saliva,
que derrite mi aliento y lo contamina.

Que de tus palabras siempre bien construidas,
tu risa que se escapa por tus débiles mejillas
y tus párpados perplejos ,
que esconden con vergüenza el reflejo de tu alegría,
-porque siempre he sabido cómo hacerte feliz-
permanece viva en mí esa necesidad inmensa
de estar siempre cerca de ti;
con la eterna y perfecta excusa
de creer que te quiero, y que me quieres.
Porque creerlo siempre ha sido suficiente.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Y entonces...llegó diciembre.

Yo te miré
y tú cerraste los ojos.
Fue como si cerrases las puertas de tu alma,
y yo ya no sabía a qué puerta llamar
para poder pasar.
Nada me hiere más
que el que te escondas
tras esos párpados grises
y que no me dejes entrar en ti.
Y que cierres los ojos
y te creas inaccesible.
Porque no te das cuenta
de que entonces aprenderé a leer tus párpados,
como un día aprendí también
a leer tus ojos encandilados,
que hoy permanecen tan apáticos y sellados.
Porque siempre encontraré la manera de llegar a ti.
Porque ya ha llegado diciembre
y necesito que me mires
como hace no mucho tiempo lo hacías.
Que me mires sin miedo a lo que nuestros ojos digan,
sin miedo a que nieve.
Porque ya es diciembre, y yo solo le pido al frío
que no te lleve lejos,
y que no te olvides de quererme.
Y que te quedes.
En mi mes favorito,
en mi fulgor somnoliento,
en la niñez de mi "siempre".
Solo te pido que te quedes.
Y que no cierres los ojos,
que no me niegues.
Y que te quedes conmigo.
Porque ya es diciembre.
Y diciembre sin ti es solo frío.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

#Microcuento I

Y ese frío teléfono escuchó las risas más cálidas jamás recordadas.
Ella miraba al infinito con estrellas en los ojos y una sonrisa desenfrenada.
Él mandaba con su voz su corazón para abrazarla hasta que regresara.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

"No hay peros que valgan"

Yo nunca diría no,
y puede que tú nunca que sí.
Pero esa eterna rebeldía
de perseguirnos cada día
con el ansia de encontrarnos,
que no llega.
Pero esas ganas de callarte
con un beso como bala y
herida de guerra.
Pero esas estrellas en tu mirada,
rimando con tu cómplice sonrisa traviesa.
Pero esos enfados
tan “te querría aún más, si se pudiera”.
Pero yo dije no,
y tú que sí.
Pero yo ahora sí,
y tú ya no.
Pero ahora ya ninguno de los dos.
O puede que sí,
y que nunca no.

martes, 12 de noviembre de 2013

Espejo

Ni llueve,
ni hace frío
para ser cualquier día de noviembre.
Ella me está mirando,
y yo hace varias horas
que naufrago en sus ojos
intentando averiguar qué ha ocurrido en su mirada
para quedarse tiritando.
Es probable que tome sus manos,
le sonría
y le de un intenso beso en la mejilla;
y que ella se sonroje, y también sonría
apartando la vista.
No quiere mirarme, ni que la mire;
porque sabe que podría poner palabra
a la tristeza con que mira hacia la nada.
Y sabe que me muero por abrazarla,
pero ella no quiere regalarme uno
de sus abrazos, que son mis favoritos,
porque sabe lo que ocurre
cuando se aproximan dos almas
tan estrechamente conectadas:
se quedarán pegadas;
y puede que su fuego se deshiele
por los senos de su cara,
porque sabe que no me lo puede ocultar;
y que en mí podría encontrar
todo el calor y el amor
que probablemente necesita,
si se dejara...
Pero su orgullo es firme
y en seguida se aleja,
y pierde de nuevo su mirada
en esa inmensa nada
en la que ahora yo también naufrago
intentando alcanzarla.

P.D: a esas personas con las que hablamos a veces sin decir nada, que tanto conoces y te conocen, y cuya tristeza nos resulta aun más honda que la nuestra. Porque somos mutuamente imprescindibles.