lunes, 27 de julio de 2015

'Eternamente en fuga, como la ola'

La distancia era
el silencio frío
vistiéndose de
los centímetros
que separaban nuestros dos mundos en guerra.

Yo secaba la lluvia de tu tristeza,
pero tus besos solo viajan en esos barcos fijos
que parten hacia otras tierras,
sin pasar nunca por mi destino.

Siempre estás lejos
cuando te quiero cerca.
Cierras los ojos
y cambias de marea.
Y el amor sigue varado
a la orilla del olvido.

Persigo tus huellas
y el naufragio se hace largo.
No quiero seguir, pero te sigo,
por si la otra opción es el precipicio
en el que caigo
cuando te busco en otros brazos
y no encuentro el sentido de tu ausencia.

Hoy nos hemos querido lejos
desde el principio.
No sé muy bien porqué
hoy no había estrellas...
y nos hemos perdido.

Yo te espero donde siempre,
en la segunda, a la derecha...

lunes, 15 de junio de 2015

"Nunca jamás" (II)

Estaba hecho de ese material con el que se tejen unos ojos de mar y de un amor a medio hacer. Ponía los puntos a las cicatrices, puntos y seguidos que solo abrían heridas sobre las ya cosidas con su cariño torcido por la escusa de los valientes, eso de retirarse a tiempo, eso de que quien te busca, eso de que eso... que yo no era suficiente. Me retiró la mirada. Luego se detuvo para ver cómo me desangraba. Cómo recogía los pedazos del suelo, de un suelo que ahora estaba aún más bajo. Había vivido en la azotea de sus ojos, en el mes del invierno haciendo primaveras, y juro que estrellé todos mis aviones contra sus labios. No fue suficiente. Me tomó de la mano, me dijo ven, y yo fui, y tuve miedo, y me rompió, y yo seguí. Le seguí hasta la isla. Me hizo sentir que no quería regresar. El paraíso estaba allí, en sus pupilas, grises y mudas: nunca supieron hablar. No fue suficiente. Me lo dijo, yo no quise entenderle. La última noche que nos vimos él me enseñó a volar. Luego se puso a patalear, como lo que era, como lo que es: un niño; porque no quería escucharlo: que el amor iba en serio. Que una isla en la inmensidad del cielo está muy bien para los que solo naufragan. Pero yo buscaba tierra, y me amarré a la primera piedra con la certeza de que sería suficiente para poder edificar. Un castillo en el aire, y hasta eso lo rompió. La última noche que nos vimos él me enseñó a volar. Aquella vez sí fue suficiente: yo me marché para no regresar.

P.D: Las olas que me alejaron de esa isla en la que viví. (Parafraseando a Marcus Versus)

viernes, 22 de mayo de 2015

<<¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?>>

Vamos dando tumbos y lo cierto es que desde aquí arriba todo se ve más despacio. Queremos estar siempre en primera fila para ver todo de cerca, y lo que no vemos es que desde la primera plana se pierden también otros planos que mirar. Y es que no es lo mismo verte venir que ver cómo te vas. Y es que no es lo mismo ser quien se apresura por las calles que quien mira a quienes se precipitan por la ciudad. Esa es la diferencia: la distancia.

La distancia, que es la unidad de medida entre tu olvido y el mío. La diferencia entre ser o estar, contigo. La diferencia entre mirar a las nubes o mirar hacia abajo y ver cómo el mundo transcurre, y ver que alguien ha roto una vida mientras que otro la ha salvado. La distancia, la diferencia, el punto de vista. Abarcarlo todo. Vamos dando tumbos y nos chocamos, y es muy difícil encontrar la distancia perfecta entre el suelo y las alas, entre tu voz y la mía, entre la piel y el amor. Entre nuestros engranajes para que la máquina gire y no haga humo y ruido y autodestrucción.

Desde arriba todo se ve distinto, y el aire da más en la cara, y te sientes más pequeña pero también más viva, y te vuelves tortuga con alas, capaz de apreciarlo todo a otra velocidad. Y yo no entiendo porqué la gente le tiene tanto miedo a las alturas, si lo que duele no es la caída, sino el golpe, con la realidad. Pero para eso estás tú, para agitar las alas cuando se tuercen las mías, para que no me caiga. Y es que en todos los cuentos hay castillos en el aire de tu risa. Y es que todos tenemos un rascacielos al que aferrarnos cuando el viento ruge muy rápido y nos desestabiliza. Ese es nuestro problema, la prisa. La cárcel. El cielo. ¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto? Al menos lo suficiente para aterrizar en tus manos y despertar en un mundo nuevo.


jueves, 21 de mayo de 2015

Fiera

Para cuando quieras volver,
yo te espero.
Yo sigo aquí,
no me muevo.

Quiero ver la eternidad
siempre contigo,
aunque estés lejos.
Volverás.
Vuelve,
que yo te quiero.
Vuelve.
Siempre es cierto.

El siempre que te prometo
para que recuerdes,
para que nunca se te olvide
que nuestro siempre es verdadero.

Y que cuando quieras volver,
yo te espero,
que yo sigo aquí
y que no me muevo.

P.D: "Para cuando quieras volver"

miércoles, 13 de mayo de 2015

#Microcuento XI

El miedo es libre
y percatado:
solo nos mata
donde más nos duele.
A mí me dueles tú.
Nuestro amor,
quiero decir,
de tanto usarlo.

#Microcuento X

Enséñame a ser fuerte,
ayúdame a ser fuerte.
Ojalá fueras para siempre.
Resiste
al fuego,
a la marea,
a los años,
la tierra
y el aire.
Aguanta, eres fuerte.
Aguanta, yo te quiero.
Aguanta.
No me dejes sin pareja de baile.

domingo, 3 de mayo de 2015

Supermujer

Cincuenta y tres años cumplidos,
ojos azules grisáceos,
esos risueños ojos cansados
que me miran con estrellas de cariño.

Guapa, serena y fuerte,
lejos de convencionalismos y de clases,
es de la clase de las que pueden
conseguirlo todo a base de esforzarse.

Persona, mujer, madre y esposa,
su voz es suave y firme,
como su piel, de terciopelo invisible,
escondida bajo su capa de armadura vencedora.

En las palabras lleva verdad y sueños,
vida, alegría,
dolor y paz,
recuerdos,
historias que contar.
Y sus versos
son las fábulas
con las que cura
esas heridas de mi piel
que en la suya aún son quemaduras.

En sus brazos está la almohada
donde me acuna cuando despierto,
donde siempre encuentro hogar y consuelo.
Vuelvo a ser niña cuando me abraza.

En sus besos con olor a café
aún perviven el sol, la vida y el lucero
con los que me sigue disolviendo
las ganas de morder.

Permanecerla,
retenerla,
eternizarla,
eso quiero.
Parar el tiempo,
que no pase
por ninguna de las dos,
que me sigas cantando esa canción
con la que me espantas el miedo.

Y nada ni nadie pueden romper
tu amor eterno,
ese con el que me quieres
hasta cuando no lo merezco.

Sencilla y especial a la vez,
ojalá pudieses verte como yo te veo,
referente de vida, tesón y esfuerzo.
A amar me enseñaste tú también.

Supermamá, quiero ser
como tú eres, y serás siempre:
supermamá, y ante todo,
supermujer.