viernes, 17 de mayo de 2019

Cuando te olvide

"Pero no tengas miedo
a que nadie te recuerde:
la poesía jamás te olvidará."
ELVIRA SASTRE
Te he llamado poesía tantas veces
que tengo miedo de que al olvidarte,
se olvide también ella de mí.
Estoy a un paso de soltarte
y tengo pánico al vacío
que sé que jamás volveré a llenar,
si no es de ti.

Tengo miedo al dolor,
a no encontrar otros ojos
que me roben el aliento,
a beber de otra tormenta
que no me dé la calma,
a no verte detrás
de todo lo que busco.

La vida eres tú.
La mía, por lo menos.
Quizá nunca haya estado tan bien,
pero te recuerdo sonriendo
y echo de menos hasta las distancias
que tantas veces nos pusimos.
Solo eran la pista de aterrizaje
para volver a querernos.

Esta vez va en serio:
voy a soltarte.
No es que quiera hacerlo,
es que no hallo otra forma
para que dejes de doler.

Estoy a punto de hacerlo:
voy a olvidarte.
No sé cómo,
tampoco sé si el amor
podrá llegar a perdonármelo.
Pero sea como sea,
no me arrepiento.
Te he querido tanto,
que con este amor
me basta y me sobra
para seguir viviendo.

Quererte ha sido lo mejor
que he hecho en mi vida,
también por mí misma.
Sé que te he querido,
y sé que lo he hecho bien.
Olvidarte va a ser,
con diferencia,
la peor decisión de todas.
Pero esta me la debo.

Estoy aprendiendo a desquererte,
escribiendo un libro nuevo
en el que no apareces.
Y terminaría este poema
de no ser por ese miedo.
Es que te he llamado poesía,
tantas veces,
que me aterra pensar
que quizá ella
termine de olvidarse de mí también
cuando yo te olvide.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Microcuento XX

De tanto que te quiero,
te odio,
de tanto que me hieres,
me duelo,
de tanto buscarme,
me olvidas
y de tanto esperarte,
te niego.

martes, 11 de diciembre de 2018

Tendré que inventarla

Si no existe,
tendré que inventarla.
Hallar la forma
de transformarte en recuerdo
a través de la palabra.
Tendré que recorrer
los andamios de la lengua,
el laberinto de los verbos,
el remolino de la gramática,
para alcanzarla.
Sin sucumbir al desencanto,
al desaliento
o a la simplicidad de acomplejarla
con imágenes vacías ya creadas,
con incendios que no se apaguen con besos.
Viajaré hasta el país de la metáfora,
iré a buscarla
a bares y hoteles
y ciudades sin paz,
entre multitudes de letras
y expresiones malgastadas.
La encontraré, tal vez,
mirando a la noche germinar
mientras el sol,
como un murmullo sin voz,
se consume incendiando el mar.
Y allí estará,
esperándome también,
la frase adecuada.
La oración exacta
que llegue a curarte
de aquel dolor,
y te haga volver.

martes, 9 de octubre de 2018

domingo, 7 de octubre de 2018

sábado, 6 de octubre de 2018

Ansío el frío

Fuiste otoño
disfrazado de verano,
lobo en piel de cordero,
lluvia refrescante
a orillas de la tormenta.
Tus pies buscaban caminos
por los que precipitarse
sin querer, si quiera, 
que los siguiera;
sin despedirse se alejaban
por un camino húmedo,
lejano y oscuro
repleto de hojas y tierra.
Es octubre y hace sol,
un sol que no calienta
pero da calor,
perpetúa esta sensación
de quererte
como si aún estuvieras.
Anhelo el frío.
Espero el frío.
Ansío el frío.
Para reconocer tu ausencia
entre mis cosas
y aceptar de una vez por todas
que no vas a volver.

lunes, 1 de octubre de 2018

Tus ojos

Te miro a los ojos
y veo florecer palmeras
en el desierto,
brotar agua en el mar,
futuros contigo.
Te miro a esos ojos
que siempre van a la deriva,
que posan la atención
sobre algún detalle
de la rutina,
y, de pronto, vivir
se vuelve incertidumbre.
Te miro a los ojos
mientras tú no me miras,
mientras lees el mundo
de carrerilla,
y no te dejas ninguna calle
por cruzar.
Paseas por el alma
de quien se fija en ellos
y no puede dejar de mirar,
como si tus ojos fueran faro,
y el resto barcos que claman tu atención
como mosquitos en la noche.
Te miro a los ojos,
y al brotar en ellos una lágrima
se te aclara el color,
como si de repente
abrieras la puerta
y dejaras el corazón al descubierto,
como si la sal de tu tristeza
fuera llave de tu alma.
No te dejas querer, ni cuidar;
tú te bastas.
Pero yo he visto a tus ojos
suplicar amor,
aunque tus labios lo negaran.
Y yo me he rendido ante tus ojos.
Ante la ciega esperanza
de ser la luz que tú buscabas.