miércoles, 20 de abril de 2016

Microcuento XIII

Hasta que el amor nos duela
y dejemos de mirarnos.

Hasta contarnos sin palabras
y borrarnos los labios.

Hasta que el tiempo nos aguante
y la distancia olvide el miedo.

Hasta que el sol se apague
y no exista ni final, ni cuento.

Hasta que nada nos separe
y nos llene el silencio.

Hasta que nuestros caminos vuelvan a juntarse
y entonces sí sea el momento.

Hasta entonces.
Te espero.

martes, 15 de marzo de 2016

'A cualquier otra parte'

El orgullo es
esa broma de mal gusto
que deja la nostalgia
a medio camino
entre este echarte de menos
y un quererte lejos,
que no es mío,
que no me corresponde.
Una puerta entreabierta
que se cierra
hasta pillarme los dedos.

El silencio se vuelve
una forma de vacío
que pesa
en el transcurso de la vida
como el minutero del reloj
sobre el que palpitan
las últimas palabras
que me has dicho,
hasta quedarse
naufragando
en círculos
por mi conciencia.

Del Este al inconsciente,
sin buscar nunca el Norte.
Como si alguna vez
hubiésemos sabido
dónde está,
o cómo se llega.

Nunca hemos tenido mapas.
Pero en el peligro de tu ausencia,
el miedo atraca
y, sinceramente,
prefiero no moverme
hacia ningún sitio.
Al menos hasta que vuelvas
y me indiques de nuevo el camino.

Porque me da
completamente igual
a dónde.
Pero que sea
siempre,
siempre,
siempre.
Contigo.

P.D: Gracias por hacerme volver a escribir.

domingo, 17 de enero de 2016

"Y sigas sin saber lo que es amor"

Que nunca pidió tanto, idiota.
Idiota, imbécil, narcisista.
Nunca pidió, ni pedirá tanto.

Solo pedía un corazón entero
para llenar,
un amor sincero,
un cielo de besos,
un castillo invisible
de sueños posibles
que alcanzar.

Nunca pidió tanto,
y tú nunca estuviste a su altura.
Y ella pensando que era al revés...
Ojalá te viese
con la misma verdad que yo.
Y ojalá esa verdad algún día
te escueza tanto sobre la piel.
Y sigas sin saber qué es amor.

Así comprendería 
lo poco que valen la pena
las personas como tú:
ególatras, pedantes, pasajeras, egoístas.
Que se creen león
y no llegan a hormiga.

Nunca pidió tanto,
y tú nunca mereciste tanto,
todo lo que te ofrecía.
No pedía demasiado,
solo que la quisieran, y bien.
Y te entregó su vida, y media,
y tú solo jugaste con ella.

Le prometiste un cielo de estrellas
que se perdieron
en otro paladar.
La dejaste pasar,
la tomaste,
la volviste a abrazar.
Detalles envenenados
con la palabra amor
escondida entre tus labios.
Una mentira más.

Me das pena.
Solo te importaba 
lo que pensaban los demás.
Corazón de acero,
cerebro de mosca.

Ella nunca pidió tanto,
pero tú siempre fuiste 
un completo idiota.

P.D: 

A todos esos que tiráis la piedra y escondéis la mano. 
A los que vais de gallitos. 
A los inmaduros. 
A los que se creen mejores que los demás 
y demuestran todo lo contrario. 
Y a los que no tenéis lo que hay que tener 
para darlo todo por alguien que se lo merece. 
A los rompecorazones "de hacendado". 
(el concepto es de una auténtica e ingeniosa poeta, no mío) 

Estreno 2016 con un poema que lleva tiempo en el tintero, pero quizá sea uno de esos que ya toca que salgan a relucir. No pretendo empezar el año con la actitud de una historia triste, con final infeliz; sino con una reivindicativa, de esas que hagan pensar al que lo lea y que pretenden cambiar realidades, como la expuesta. Para ver si con suerte lo lee(n) la(s) persona(s) adecuada(s), y tiene(n) oportunidad de cambiar desde el principio. Por un muy feliz año nuevo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

"Un invierno propio"

Es más como una especie de punzón en el pecho, como un suspiro entre el corazón y la garganta, unas ganas de vomitar todo el amor de golpe. Es más la decepción de un nuevo diciembre sola, como los 21 anteriores. Es más como el anhelo de lo nunca sucedido, y como una tristeza clavada en el cielo del alma que solo añora un amor correspondido. Una especie de poesía, que solo llega a prosa. Y yo, que sigo pensando que tampoco pido demasiado. Solo lo pido todo. Y es que alguien dijo una vez que "todo" nunca es mucho, cuando hay ganas. Y cuando de amor se trata, todo, en realidad, no es casi nada. O eso me han dicho. Y ya está. Y no hay más. No hay más que una soledad profunda, anclada en una frustración y en una incomprensión inexplicable, que nadie quiere saber, ni escuchar. Es una soledad aún más honda que eso, el que lo que escuece se quede entre mis dedos,  la tinta y el pensamiento, cuando lo único que de verdad se necesita es que alguien llegue y te arranque todo el dolor de golpe. Pero el silencio mordaz de todo lo que se ha puesto de acuerdo a tu alrededor para hacer como si el dolor no existiese lo único que consigue es que, al final, lo que no existas seas tú, ni lo que sientes. No es que vaya a unirme al club de los incomprendidos, o a la cofradía del santo reproche. Es solo que todo es triste, muy triste; y que al parecer tienes vetado el derecho a poder decirlo, e incluso sentirlo. Y eso te hace estar un poco solo, contigo; que a veces es la peor forma de estar. Es estúpido, pero, por desgracia, es real. Un veneno atragantado en la mirada, un iceberg de emociones oprimidas del que ni siquiera se ve la punta. Pero ahí está. No sé cómo decirlo. Que casi sin esperarte, y ya sin esperanza, has venido, diciembre, un año más. Y sin nevar. Y que, enhorabuena: hoy haces más frío que nunca.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

"When it moves you"

Lo nuestro duró una canción de jazz. No sé cómo explicártelo...sonamos tan bien juntos que hasta la música calló y el mundo se detuvo. Fuimos una sucesión de imágenes con banda sonora, una voz virtuosa, trompetas insurgentes, un piano descontrolado, una procesión de besos y de pasos de baile descompasados. La bailamos abrazados, y luego nos miramos clavándonos el amor en la sonrisa y en las manos. Y yo, que aún no te he dicho que no sé bailar, solo pienso en eso que tiene de bonito ver a dos pies izquierdos moverse, aún sin ritmo, acompasados. A dos que se entienden a la perfección y van contra el mundo, eso de mi idea sobre el amor: lo de que dos son mucho más que uno más uno. Pero parece que no, el amor no es eso. El amor no es nada. Y nosotros tampoco. Somos solo el uno y la otra restándose minutos de baile a corazón abierto hasta que acaba la canción. Y ojalá hubiera sido cierto. Así podría justificar mi dolor con un recuerdo. Y que no pueda dejar de escuchar esa canción todo el tiempo. Y ojalá tú y yo, y ojalá el amor. Y ojalá aún sonasen canciones de jazz en los bares.
P.D: a lo que pasa por la imaginación escuchando a Anthony Strong.

jueves, 19 de noviembre de 2015

"Cerrado por derribo"

Amor está hecho para mí, pero yo no estoy hecha para él. ¿O acaso era al revés? Amor y yo somos como el perro el gato. Andamos persiguiéndonos sin llegar a cruzarnos o encontrarnos, y cada vez que lo hacemos nos destruimos mutuamente, preparamos una hecatombe emocional que nos deja destrozados: a mí vacía del todo, y él manchado de miles de poemas tristes. Yo siempre siento por encima de mis posibilidades, y debería usar una talla más de corazón, aunque Amor dice que una menos. Soy más "perro" que "viejo", y él araña más que cualquier gato. Somos como el agua y el aceite, como el dulce y el salado: podemos vivir juntos, pero mejor separados. Supongo que por eso lo de mi oficio y por eso lo de que se me dé tan mal. Quizá nunca llegue a nada con esto de la poesía. Porque, no nos engañemos, todos los y las poetas tienen una musa que les espera en la cama al final del día. A mí solo me espera la nada. La nada, que duele como el hambre, quema como el hielo y arde como un chato de vino en ayunas. La nada que padezco cuando Amor y yo nos cruzamos y apartamos la vista mirando hacia el suelo, para no seguirnos matando. Para no seguir añorando lo que nunca sucedió. Yo sí te quise tanto, Amor. Yo sí te quiero tanto. Tú no.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Nada

Hoy es domingo y me he despertado con resaca emocional, con un suspiro constante clavado en el pecho, por la espera, con esa tristeza de quien sabe que no le quieren. Con esa tristeza de amar hasta que duele el corazón y no poder convencerte de que soy yo, que estoy aquí, que vengas. Con esa tristeza de no comprender nada y de quererlo todo. Con esa tristeza de creer que no eres suficiente, de que no vas a conseguirlo. Con la rabia disfrazada de no entender porqué los demás sí y tú no, de por qué hacer bien al mundo no es devuelto a la vida en forma de amor. Con ese vacío interminable e inexplicable de saber, muy en el fondo, la verdad: que no te quiere. Porque quien te quiere, te busca, envía señales y mira con estrellas en los ojos. Y aquí soy solo yo la que se ha estrellado. Y sigo con el objetivo de meterme en su cabeza cuando donde yo quiero estar es en su corazón. Y las cosas siguen igual, no van para adelante ni para atrás, solo hacia dentro: hacia mí. Hacia el vacío interminable e inexplicable de un domingo lluvioso donde no todo es tan triste, pero el corazón se ha despertado sangrando, y no encuentra remedio a esta resaca de amor. Hoy he vuelto a soñar contigo.