miércoles, 18 de junio de 2014

"Cuanto más dura es la pena, más cargado viene el ron"

Llegó el verano y me hiciste
un nudo de plata en la garganta,
un atardecer de miradas
y en el estómago
mariposas.
Llegó el verano y me enredaste,
y me clavaste los ojos en la nuca y en el alma.
Creerás que no me doy cuenta,
pero siento viajar tus ojos
hasta sin girar la cabeza.
Torbellino de alcohol y suerte,
a mi juicio eres impasible,
imposible, quiero decir, imbatible
en tu desesperado intento de tenerme.
Me quieres cuando quieres,
cuando bebes no me quieres,
cuando quieres me bebes,
cuando quieres, me quieres,
si bebes.
Pero llegó el verano y dijiste que no.
Y a veces pienso que soy ese alcohol que hoy te domina,
y que algún día
tus heridas de dentro sanarán,
y ya no necesitarás
beberme para dejar de sangrar.
Y no sé qué será de mí.
Porque ojalá yo fuese para ti tan adictiva...

lunes, 21 de abril de 2014

“Me estoy preguntando si te quedarás”

Te has despertado, y me has pillado mirándote. Me has clavado los ojos, y yo casi me desmayo en una sobredosis de adrenalina al ver tu sonrisa escondiéndose bajo la almohada. Luego te levantas y te dejas caer sobre mí, y me abrazas, y parece que hasta vuelves a dormirte escondida en mi cuello. Y yo te acaricio, y miro al techo, y me pregunto si se puede ser más afortunada en la vida que viendo despertar al trocito de cielo aún sin contaminar que se acomoda en tu pecho. Entonces cierro los ojos y pido que se pare el tiempo para siempre. Y entonces me despiertas, risueña: -¡buenos días, mamá!-

jueves, 17 de abril de 2014

“Demasiados asientos vacíos para un vuelo low cost”


No sé si será el calor, el sueño, la prisa o las ganas. Supongo que todo eso ocupa la inmensidad de este avión: el calor, el sueño, la prisa, las ganas....y tú. Tu ausencia, quiero decir. Estás tardando en entrar, y el avión empieza a despegar. Supongo que no vas a venir. Y supongo que son demasiadas suposiciones para una luna de miel recién comenzada. Todo son suposiciones, menos lo que pasó. Dijiste que no, eso es todo.

“Acuérdate de mí cuando me olvides”


Cuando hayas olvidado todo lo que solía decirte, cuando ya no te acuerdes del sabor de la primavera sobre mis párpados, cuando recorras todos nuestros rincones y ya no tengan nuestro nombre grabado. Cuando tu piel se erice con otros labios, cuando el invierno venga más frío porque ya no te abrazo, cuando te claven los ojos y no sean naufragio.  Entonces seguirás creyendo que me has olvidado, y entonces, solo entonces, me recordarás.

sábado, 5 de abril de 2014

Tic Tac

No quisiste esperar a que se disculpase, y ella aceptó la condición de quien no tiene una segunda oportunidad. Pongamos que acudió y tú ya no estabas. Pongamos que iba a clavarte los ojos con esa intensidad solo propia de su persona, y a quererte para siempre. Pongamos que solo puso a prueba si tu espera era tan ansiada como la suya, tanto que no importaría esperar un poco más. Pongamos que acudió, con estrellas en la mirada y la sonrisa en cuarto creciente. Solo son suposiciones, pero tú ya no estabas. Y es que la felicidad es impuntual, y tú un impaciente.

jueves, 20 de marzo de 2014

La magia del número 3

Una: yo.
Dos: contigo.
Tres: tú y yo, y nuestro destino.

Te vi bailar,
y tardé un segundo en volverte a mirar,
dos en saber
que no te puedo perder,
tres en que se me pegase
tu desenfrenado compás.

Te vi soñar.
Uno de tus sueños fue conmigo,
dos tardaste en olvidarme,
y en el tercero me necesitaste,
y yo no me pude negar.

Te vi mirar.
La primera vez a ninguna parte,
la segunda hacia mis ojos expectantes,
la tercera vez te apartaste
y yo volví a naufragar.

Te vi temblar.
Una vez fue llorando por quien no te supo valorar,
la segunda tenías frío y quisiste que te arropase,
la tercera porque tenías miedo a despertar.
Sin nadie.

Te quise amar
con una mirada,
con dos palabras,
con tres versos desafinados que solo tratan de encajar.

Y así pasan nuestros días,
contando hasta tres, para volver a contar,
para volver a darnos
una primera,
una segunda
y una tercera oportunidad.
Pero nunca, nunca parar...

domingo, 12 de enero de 2014

"Porque nunca sabrás, cuando te marchas, cómo me quedo yo"

Cuando te vas,
hay una explosión de tristeza.
Se estallan mis ventanas
y llueven cristales.
Se fragmenta el suelo,
se desvanece el cielo
y se derrumban mis paredes.
Por mis venas aumenta la corriente
con ese fuego que ha derretido la escarcha de mi semblante.
Y una supernova de sentimientos residuales
aparece reverberando la explosión de repente.
Típico, ¿no?
Todo es silencio
y oscuridad podrida de miedo.
Todo se halla suspendido...
hasta las palabras que no nos hemos dicho,
y que ahora incluso en el aire pueden leerse.
Todo ocurre a cámara lenta.
Excepto el corazón...
el corazón cuando te vas se me acelera.
Todo está contaminado por tu ausencia
y una ráfaga de viento tapona mis oídos con el color de tu risa,
y llega hasta mi pelo
y, en vez de despeinarlo, lo acaricia;
como si tus manos aún permanecieran.
Entonces esa tristeza se posa sobre mis mejillas
y me recuerda que
te has ido,
y que yo no he sabido retenerte.
Que te has ido
y tu portazo ha creado un eco.
Ese eco que repite tu nombre,
y que recorre el corazón en forma de golpes secos,
porque la puerta está cerrada,
y no puede salir a intentar detenerte
para que no te vayas,
para que aún te quedes.
Para que echarte de menos 
no se convierta en algo habitual.