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sábado, 5 de abril de 2014

Tic Tac

No quisiste esperar a que se disculpase, y ella aceptó la condición de quien no tiene una segunda oportunidad. Pongamos que acudió y tú ya no estabas. Pongamos que iba a clavarte los ojos con esa intensidad solo propia de su persona, y a quererte para siempre. Pongamos que solo puso a prueba si tu espera era tan ansiada como la suya, tanto que no importaría esperar un poco más. Pongamos que acudió, con estrellas en la mirada y la sonrisa en cuarto creciente. Solo son suposiciones, pero tú ya no estabas. Y es que la felicidad es impuntual, y tú un impaciente.

viernes, 6 de septiembre de 2013

"Yo contigo siempre"

Y por mucho que me lo jures,
yo siempre tendré miedo.
Pero también siempre tendré ganas
de volver a intentarlo.
Porque tú y yo somos como el sol
que en el mar nace y muere cada día;
pero nadie duda, ni siquiera yo,
de que volverá a brillar en lo alto del cielo
a la mañana siguiente.


''¿Qué tienes,
qué tenemos,
qué nos pasa?
Nuestro amor es como una cuerda dura
que nos amarra hiriéndonos.
Y si queremos salir de nuestra herida,
separarnos,
nos hace un nuevo nudo
y nos condena a desangrarnos y quemarnos
juntos.''

(Pablo Neruda. Los versos del capitán.)

P.D: al ejemplo de amor más grande. 6 de septiembre de 1986.

lunes, 26 de agosto de 2013

Oda a un beso con asuntos pendientes.

Se hizo el silencio.
Él la beso.
Ella le besó.
Ambos se besaron.
Se dieron uno de esos besos cortos, lentos y con pasión retenida,
reprimiendo la inevitable conexión de dos que ya se han amado antes.
Se dieron uno de esos besos con previo suspiro y pausa,
y con estrellas en la mirada.
Uno de esos besos que dejan ver la trascendencia que tendría
si no existiese el miedo. O la distancia.
Una perfecta conexión retenida  y condenada
a un único beso,
con la intención de ser frío, pero más cálido que nunca.
Un beso de película.
Un beso lleno de magia y tristeza al mismo tiempo,
que revelaba al fin y al cabo el sentido real de la vida:
tristeza y magia...
y miedo. Siempre el miedo.

jueves, 23 de mayo de 2013

Te hablo con el corazón, es lo único que tengo.

Ayer. Ayer te miré, te abracé, te besé, apreté tus manos, muy fuerte, y nos prometimos que nunca se separarían. Ayer te quise tanto, que quise que ayer fuese eterno. Pero ayer ya no es hoy. Ni mañana. Ayer se ha ido, llevándose con él la certeza de que seguiremos siendo tú y yo, igual que ayer, hoy y mañana. Las palabras también pueden ser eternas si queremos que lo sean. Y yo ayer, ayer las grabé para siempre en las estrellas. Pero ayer se ha ido, junto a todos los periódicos tirados a la basura, ya dispuestos a ser reciclados para hacer otros nuevos. Y ahora me pregunto si la eternidad permanece habiendo sido prometida en un día con fecha de caducidad. Yo no quiero que nuestro amor sea de reciclaje. Y no quiero que nunca lo tiremos. Y no hay nada que me lo asegure. Quizá solo ese miedo a confesarte que hoy te quiero un poco más que ayer, pero siempre menos que mañana. Porque sé que puede que llegue un mañana en que no estés. Pero tu ausencia tampoco durará para siempre. Solo permanecerán mis palabras, en la continuidad de un ayer, un hoy y un mañana, en el que te quiero siempre y pase lo que pase; porque lo prometí en un día con fecha de caducidad.

P.D: A los míos.

jueves, 2 de mayo de 2013

"Erase una vez la historia de una herida"

Le dijiste adiós
con la sonrisa partida
y el corazón en la mano.
Luego agachaste la mirada
y en un vaivén de dolor y rabia
te apresuraste por aquel pasillo interminable.
Y él, clavando su mirada en tu alma,
se despidió sin parpadear
con su voz fría y contundente.
Te marchaste, y el ambiente se contaminó
de tristeza y conversaciones pendientes.
Dime por qué, por qué se empapó tu alegría
con las mismas lágrimas de miel y de antes.
Él nunca merecería sentir el calor de tu risa
y de tus ásperas manos intocables.
No le nombres, no le huelas, no le recuerdes.
Que desaparezca para siempre.
Y que se sienta culpable
de no haber sabido quererte hasta que sangre.
Como tú le quisiste,
hasta quedarte sin estrellas y sin aire.
Y bien que lo supo la tierra,
resentida e indomable
durante aquel largo y no tan frío invierno,
agridulce y rebosante de recuerdos inolvidables.
Tantos abrazos intentando curarte,
tantos besos y palabras en balde,
tanto mirarte y cuidarte,
tanto quererte, incluso amarte.
Y tantos tantos, que ninguno fue capaz de hacerte olvidarle.

miércoles, 16 de enero de 2013

Fdo: un corazón roto

Tú haces que mi día, mi tiempo, mi sonrisa y todo eso que a menudo pierdo valgan la pena. Nunca he tenido tanto miedo como el que tengo cuando te alejas, cuando no dices nada, cuando me apartas la mirada, cuando pasas de largo sin rozarme, sin sonreírme, sin registrar que estoy ahí; detrás del muro que nos separa, esperándote. Sería injusto pedirte que elijas, y sobre todo sería injusto por todo el sufrimiento que causaría, y no solo a ti, ni a mi. Es complicado, te pediría que intentases darme algo en lo que ni siquiera ya creo. Lo sé, es tópico; uno de los tópicos que más odio. Pero ahora empiezo a replantearme si acaso no es también tópico aquél que no quiere seguir ningún tópico. Es complicado. No puedo pedirte que indagues dentro de mi tormenta, que intentes quererme, aceptarme, conocerme, ni siquiera comprenderme; dudo que alguien pueda. No te pido nada; nada más que un saludo mañanero acompañado de una sonrisa, que un abrazo al despedirnos o un mensaje de vez en cuando, que me recuerde que me recuerdas. No puedo pedirte nada más; porque tengo miedo a que no puedas dármelo, o a que en determinado momento el vacío de mi conciencia no quiera recibirlo. O a que de repente me dejes, a que aparezca alguien nuevo que te llene más que yo, a que no pueda quererte igual que tú me quieres, a que te caigas por  uno de mis precipicios, u otros innumerables miedos que me recorren cuando estás más cerca de llegar al fondo de mi armadura. Me aterra saber que cada vez te acercas más a conocer quién soy, mi pasado, mi presente, el futuro que espero; mis heridas, mis secretos, lo que me gusta, lo que me duele, lo que me llena, lo que me motiva, lo que me asusta, lo que me hace feliz. Pero lo que más me aterra de todo es que tú consigas que mi día, mi tiempo, mi sonrisa y todo eso que a menudo pierdo valgan la pena.


jueves, 10 de enero de 2013

Un secreto a voces

No nos gusta esperar. No nos gusta esperar nada, ni a nadie. De hecho, nos mosquea esperar, nos frustra tanto que entorpece toda nuestra vida. Odiamos el tener que esperar a que el semáforo se ponga en verde, a que llegue el metro, a que sea nuestro turno, a que se seque el suelo fregado, a que se termine de calentar la comida, a que deje de llover, a quien llega tarde, a recibir algo, a encontrar aquello que hemos perdido, a que nos resuelvan alguna gestión, a que llegue un momento deseado, a que nos digan las cosas...somos impacientes por naturaleza, y siempre queremos ser los primeros; sin pensar en que el que viene detrás está igual o más frustrado que tú. Vamos con prisa a todas partes y a la primera de cambio nos desanimamos y pensamos que todo lo peor nos pasa a nosotros. Vivimos atados a un horario, a un reloj, a unas normas y reglas estrictas que hay que cumplir, y lo peor es que son impuestas por nosotros mismos. Y sí, esto es así, amigos y amigas. Entonces, lo que yo me pregunto, lo que más me llama la atención... esa duda que anula todo tipo de teoría, incluso esta que acabo de soltar,  es: ¿si tanto odiamos esperar, a qué esperamos para ser felices?
Ahí lo dejo.

martes, 8 de enero de 2013

Oda a una intimidad perdida

Siento sufrir cuando se te desgarra una lágrima por los incandescentes senos de tus mejillas. Siento que rápidamente las borres con tus dedos manchados de tinta y miedo, y que agaches la mirada suspirando entre cortinas. Siento estar presente y no poder hacer nada; no poder intentar hacerte sentir mejor. Siento que llores en un autobús, en una absurda soledad de la que participo, rumbo a Dios sabe dónde, en el que te espera Dios sabe quién, sin saber si será capaz de consolarte. Me dedico a observarte por la pequeña obertura que separa tu mundo del  mío, y tú te me escapas por la ventanilla con la mirada perdida, y una lluvia empapada de breves hálitos de fuego intenso amolda el paisaje a tus pupilas de alambre. Y yo me desgasto viendo cómo tus ojos hinchados se emborrachan de la penumbra inocente de tu rostro, desdibujado por el turbio pasado del tumulto de las sábanas de tu historia.

P.D: hoy quería escribir sobre la vuelta a la universidad después de las vacaciones de Navidad y el día tan genial que he tenido. Pero volviendo a casa, a eso de casi las nueve de la noche, en el autobús, me he dado cuenta de que la personita que estaba sentada en el asiento de delante del mío estaba llorando; y esto es lo que ha cambiado y tocado hoy mi mundo, a veces tan únicamente centrado en su propio mundo. Así que la entrada de hoy va por todos los que lloran solos en los autobuses y por quienes sentimos frustración por no poder ayudarlos. Me gusta pensar que todavía queda gente en el mundo a la que el mal del otro le duele tanto como el suyo propio.

martes, 4 de diciembre de 2012

Todo tiene un cómo y un por qué


Todo tiene un cómo y un porqué. Y yo me dedico a mirarte y a apartar la vista constantemente. Juguemos. Te sonrío y tú me miras. Me sonríes, atravieso tu sonrisa y mi mirada apresurada de nuevo se desvía. ¡Qué silencio! Parece que todo se halla suspendido por un instante. Nada escucho. La tele apagada, igual que mi conciencia. Una voz desenfrenada ha roto ese silencio. Mi corazón, de nuevo, respira. Todo está en orden.

Un momento, mi prisa por volver a verte vuelve a inquietar ese corazón palpitante. No hay nada peor que una persona con prisa. Hay que dejar que las cosas surjan por si solas, a su tiempo y en su espacio. Lo forzoso son asuntos que quedan olvidados.

Mis párpados pesan hoy más que de costumbre. No sé qué le pasa a mi corazón, ya ha apagado sus ilusiones. Tenemos que volver a recuperarlo. No será difícil. Pero tú me faltas, y cuando tu ausencia atraca, mi corazón cierra los ojos.  Ojos que no ven, corazón que no siente; pero imagina. Esa capacidad de la mente para crearlo todo y desvanecerse de pronto al ser irrumpida.

Fugitiva, mi mirada, inquieta y perdida desde aquel día en que te esperé por última vez, te busca de nuevo en cada espejo y en cada amanecer. Dejemos que las murallas de los sueños protejan los pocos recuerdos que tenemos. Y yo mientras, intentaré no olvidarte demasiado; por si acaso en algún momento, el tiempo se detuviese y el destino quisiera volver a juntarnos. Mantén tu reloj encendido, y recuerda que te espero a las diez menos cuarto en el lugar donde nos conocimos. Y si eso pasa en algún momento, te prometo que estaré allí.

Pero por ahora, ya eres solo ese miedo de no encontrar a nadie más. Y mi naufragio por tu paradero empieza a cansarse de no poder respirar. Tú serás tú solo y yo seré yo sola. Nosotros y nuestras circunstancias de entonces. Ya no te espero cada mañana; ni en cada ida, ni en cada regreso. Eres solo un ancla olvidada en el fondo del mar de mis cimientos. Pero ancla, al fin y al cabo, anclada. Algún día se secará mi ira y mi dolor se habrá rendido ante el fulgor de mi sonrisa. Porque he descubierto que me va mejor sin saber de ti. Pero espero que alguien te hable de mí. Y sé que he sido prácticamente nada en alguien que para mí  ha sido prácticamente todo. Desordenemos las cosas. Soy feliz. Pero a veces, y digo solo a veces, y en silencio, te echo de menos.