martes, 27 de febrero de 2024

Dead by a thousand cuts

Hay canciones que llegan tarde,
que se aferran, como lapas,
a heridas viejas, 
a dolores primitivos.
Palabras con sonido 
que embalsaman 
una tristeza
que ya no tiene lugar.

Igual que almas en pena
o espíritus sobrevenidos,
vagan las cicatrices 
por el cuerpo.
Quedan los restos del corazón
que se hizo añicos,
palpitan todavía las ascuas 
de aquel fuego.
Chisporrotean al oír la historia,
como un himno hipnótico 
que las llama a responder 
a la melancolía.

Son muertos vivientes,
y acuden a formar filas, 
igual que las ratas en Hamelín.

Así pervive, dentro, tu recuerdo.
Inactivo, como un volcán,
expectante, como un comienzo.
Reinventa nuestra historia
y vuelve a cobrar vida 
en forma de palabra.

Porque aunque la historia esté acabada,
sigue llenando páginas.

¿Y tú, persigues mis sombras
en la que fue nuestra casa?
Yo, sin embargo, me bebí 
hasta la última gota de tu veneno.

Dejé de incidir en el daño.
Llené el dolor del amor
que tú no quisiste.
Y esa fue la única forma de salvarme.
De sobrevivir a ti.

Comprender que el amor existe
aunque no sea devuelto,
entender que el amor vive
incluso más allá del mordisco,
que mi amor por ti
era también amor a mí.
Que yo no pretendía salvarte
sino librarme de ese vacío,
de una vida sin sobresaltos.

Y no me arrepiento de nada.
Porque el que ama, gana.
Porque amar es de valientes.

Ojalá algún día lo entiendas.

Que sobreviví 
a tus miles de puñaladas
y ahora te recuerdo en paz.
Aunque haya canciones que llegan tarde,
que necesité abrazar cuando 
la pena me asfixiaba,
-- porque eso también sucedió --.
Pero ahora resuenan
desde la calma.

Porque la música amansa también
la punzada invisible
de las heridas ilegítimas.
Agrupa los pedazos, 
los restos del naufragio.
Les da un sentido
y una sepultura
desde la que llorar el duelo
que les fue negado.

Así me siento yo ahora:
curada.
Gracias a esta música,
a estas palabras
que le dan forma al dolor
que yo nunca supe nombrar.

Quizá las canciones nunca llegan tarde.
Tal vez, en realidad,
llegan justo a tiempo.

miércoles, 12 de abril de 2023

Cambio de tiempo (Un poema en abril)

Huele a primavera,
la ciudad se deshace
y es abril
en todos los rincones
que nos vieron florecer
hace ahora exactamente un año.

Yo no sabía que detrás de tus ojos
me esperaba el mar,
ni tú sabías que mis palabras
eran más fuertes
que todas las fronteras.

Entonces no teníamos nada más
que las ganas y la calma
de lo que se presiente
pero no se espera.

Era abril. Simplemente abril.

Ahora todo ha pasado de largo.
El invierno arrasó
la poca paz que nos quedaba,
nuestras rutinas son
del todo
incompatibles
y tú también has cambiado.

Las canciones ya no suenan como solían.
Tú reclamas tu parte, sin pedirlo,
-- ahora todo es silencio --
como si fuera, de repente,
una mera transacción,
un proceso contractual.
Como si yo pudiera devolverte
las canciones limpias de mí,
como si yo pudiera devolverte
lo que siempre ha sido tuyo,
pero con menos dolor.
Y se te olvida que el dolor,
igual que la culpa,
lo llevamos encima.

Ahora sigue siendo abril
de un año diferente.

Y huele a primavera,
a mi perfume de siempre,
a las ganas de besarte,
que se volvieron viento
para llevarte lejos,
pero en mis oídos suena la canción
que ya nunca jamás será mía.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Un poema en el destierro

No sé si habrás encontrado ya
lo que buscabas,
si alguna de mis palabras
te habrá hecho tropezar, últimamente;
ni si te habrás curado ya de mi tristeza,
ahora que yo he aprendido 
a besar esta herida
sin mancharme los labios.

No sé si te diste cuenta
de que estuve esperándote 
al otro lado de tu invierno,
de que dejé de escuchar tus canciones
para volver a verme en las mías,
de que hubo noches en las que 
el dolor era imposible,
pero no encontré las fuerzas para gritar.

No sé si tú has elegido este silencio
o si te has acostumbrado a él,
ni si te aprieta también un poco los huesos
este frío irremediable 
cuando nos tenemos enfrente.

Tú estás más lejos que nunca.
Y yo no entiendo por qué duele tanto.

Quizá esperaba que el tiempo 
curara y no enterrara.
Quizá no quise recordar
que hay muros que aparecen
de una noche a una mañana
también así: sin hacer ruido.

Pero por si te encontraran también a ti,
de golpe, estas palabras,
aún quiero decirte
que lo que yo nunca supe
fue a qué distancia colocarme
para que entendieras
que yo te esperaba.

Que aún te espero.

Y que me gustaría besar 
estas ruinas contigo,
antes de dejar que el viento 
se las lleve para siempre.

Porque no sé si tú habrás encontrado ya
lo que buscabas,
pero yo sí me he asomado a este vacío.

En él,
me he encontrado a mí.

Y ojalá todo este amor
fuera capaz de salvarte a ti también.

martes, 25 de octubre de 2022

La bestia

«No sé si escuchaste 
mi último aullido
»
LEIVA 


La bestia no soy yo.

La bestia es esta hambre atroz 
de tu cuerpo.

La bestia es el espacio irreversible
que se ensancha entre nosotras
a medida que te alejas.

La bestia es este ruido
que me pesa en la garganta:
todo lo que no te he dicho.

La bestia es el animal
que me crece en el estómago,
ahora que has desaparecido de mi vida
sin llegar a irte del todo,
que es la peor forma de quedarse.

Y así te has quedado tú,
así me he quedado yo:
con un aliento grueso
imposible de tragar
cuando nos tenemos delante.

Miramos para un lado,
fingimos que todo está bien.
Quizá lo esté para ti.
Pero dentro de mí hay un rugido,
un aullido interminable,
un dolor silenciado
que ha despertado a la bestia.

Y, a ti, ¿te incomoda mi tristeza?
A mí me incomoda no poder respirar.
El animal se ha apoderado de cada hueco.
No me queda espacio para vivir dentro de mí.

Yo ya no me habito.

Deambulo por mi cuerpo
en la búsqueda de un lugar tranquilo
en el que reposar
y trazar un plan de reconquista.

Pero tu silencio también lo ha poblado todo.
Y no hay lugar al que yo vaya
en el que no estés tú.
Tu impronta, tu estela, tu risa,
tus canciones, el idioma
en el que aprendí a amarte.

También me pasa en la ciudad.
Tú estás fuera y estás dentro.

Y yo no estoy.
Ahora, solo está la bestia.

martes, 30 de agosto de 2022

La luz encendida

Pocas señales hay más evidentes
que la de una puerta cerrada.
Pero yo estoy aquí afuera,
y mantengo la luz encendida.

Es de noche en la ciudad
en la que se adormece el verano.
No encuentro más formas de decirte
lo que en el fondo tú ya sabes.

Pero mantengo la luz encendida.

Hay tantas palabras que no llegan
nunca a ningún sitio.
Nunca, esa palabra tan larga.

Quizá nos empeñamos
en dejar al universo
la responsabilidad de 
jugar con nuestra luz.
Debería dejar de hacerlo.
Pero, por si acaso,
aún la mantengo.

Yo prendo una luz por ti, cada noche.
Por si despiertas,
por si te decidieras a abrir los ojos,
que tú la encuentres aquí.
Rompiendo, con su ruido hostil, 
la oscuridad.

Porque a veces una luz
es algo más que una luz.

Y hay luces que traspasan puertas,
por muy cerradas que estén.
No puedo, si no,
confiar en el camino
que he ido marcando.

Espero que tú me encuentres.

Yo estoy aquí afuera.
Con la luz siempre encendida.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Un poema sencillo y sincero a una persona indecisa

Yo sé que hay algo,
algún milímetro desordenado
de la comunicación
que nos separa.
Tal vez, 
la consecución irremediable
de las horas,
o el paso torpe de los días
que se arrastran hacia ti,
ya casi sin aliento.

Yo sé que hay algún punto de encuentro 
como tantos otros de no entendimiento.

Yo sé que probablemente
no entiendas nada
y que no sepas muy bien
qué pensar, qué sentir,
qué hacer con todo esto.

A mí también se me hace grande,
a mí también me asaltan las dudas,
a mí me aprieta el pecho la ansiedad
cuando casi te rozo por la calle,
cuando es tu aire el que me abraza.

Cuando nos tumbamos en mi cama
y hablamos de cosas que nunca habíamos dicho,
cuando te cojo la mano y te la beso,
cuando nos miramos sin decir nada.

Yo te entiendo, de verdad, 
te entiendo.

Y no sé si quieres que lo pare
o si tendrás las mismas ganas que yo
de hacerlo de estallar,
si cuando me hablas del futuro
que nos queda por recorrer
te refieres también al nuestro
como concepto.

No sé si estás pensando en otro nombre
o si hay algo de mí que te ilusione,
a veces pienso en que cómo iba a ser yo
y otras veces siento
que lo que está empezando a pasar aquí
se parece también
a lo que a veces he soñado despierta
y a lo que creo que es, en realidad, el amor.

Yo sé que todo es complejo,
y que puede serlo aún más.
Y sé que no es un buen momento,
que hace muchos días ya que no nos vemos,
que no sabes a qué distancia situarte
ni cuántas horas son las suficientes
para decidirte a responder a mis mensajes.

Sé que todo parece muy difícil,
yo también me siento un poco perdida.

Pero solo me encantaría decirte
que aunque soy consciente
de todas estas cosas,
o puedo llegar a imaginarlas,
me gustaría que tú supieras
que yo sí estoy segura,
que no tengo miedo,
que contigo todo es diferente,
que tú me das ganas de ser valiente
y que te estoy esperando
en cada orilla 
de tu mar de dudas.

martes, 19 de julio de 2022

07:00 AM

La luz que entra por tu ventana

se parece a esa luz que desprenden

algunas mañanas del mes de junio,

con el verano tomándole ya el pulso

a los últimos días de un invierno colectivo.


Así estás tú,

con la mirada puesta

en todo aquello que florece:

los árboles que dan nombre

a una calle céntrica de la capital,

la vida recuperando su aliento primitivo,

un nuevo idioma aún por escribir.


El sol entra por tu ventana

como la risa a los pulmones

y como entraste tú en esta ciudad.


La luz marca la diferencia,

igual que tú marcas los destinos.


La luz del día inunda la habitación

con la misma timidez, pero certera,

con la que me asomo yo a tu boca,

con la mirada sostenida en esos dedos

que me rozan la muñeca

un sábado noche

en un bar escondido

de ambiente irlandés,


donde suenan 

casi todo el tiempo 

los Bee Gees

y donde te digo, 

precisamente,

que la alegría

te ha dejado en la mirada

la misma paz

con la que entra

la luz del sol 

por tu ventana.

martes, 25 de enero de 2022

Ruido

Qué distinta suena la calle
ahora que tú no la habitas.

La multitud ciega
recorre estas baldosas
de un lado a otro.
Hace ruido, ocupa mis espacios
y yo camino deprisa,
como si te persiguiera
sin saber dónde estás.

Tiento a mis pies doloridos
con ir hacia tu lado de la ciudad,
provocar el encuentro,
como si la magia no acarreara
cierto poder aleatorio.

Pero la calle es muy distinta
cuando tú no estás.

Tú no lo sabes
y yo me pregunto 
a quién le escribo,
y se me caen las palabras
al papel,
como cansadas de haber estado
rebosando en mi cabeza,
amenazando constantemente
con dispararse solas.
Como si aún tuvieran valor,
quedan aquí, en esta página.

Yo sé que no voy a verte.
Últimamente tengo pocas certezas
y cada vez más preguntas.

Estoy harta de este ruido.

Si no son los tuyos,
los pasos son solo pisadas,
las voces son solo jauría,
y el olor de estas calles libertarias
son solo nostalgia barata.

La calle no suena igual
cuando tú no la habitas.

Y estás en algún lugar,
aunque no sé dónde.
No espero encontrarte hoy
caminando por ahí,
no espero ese golpe fortuito
que me arranque de la realidad
para llevarme contigo.

Sé que tú apenas me recuerdas.
No espero nada. Nada.

Solo quiero dejar de escuchar
este maldito ruido.

jueves, 20 de enero de 2022

Los últimos versos que te escribo

Puede que este sea
el último poema
que te escriba.

Si tú nunca dices que sí
y yo nunca me atrevo
a hacerte la pregunta;
si te lanzas al vacío
y yo decido cerrar los ojos,
si tú te vas
y yo vuelvo a una ciudad desierta
en la que tú no estás,
voy a tener que olvidarte.

Tal vez este debiera ser
el último poema
que yo te escriba.

Y tal vez lo sea.

Te callo,
te desdibujo:
no existes.

martes, 4 de enero de 2022

Las cosas que nunca me dijiste

Ya aguarda el frío tu partida,
se revuelve entre las calles
desde donde emerge tu ausencia,
como un eco.

Tú ya te has ido.

Tu silencio me castiga,
orbita en el vacío que has dejado
y me obliga
a borrarte
de mi memoria.

Si te vas así, libre de equipaje 
y libre de mí,
qué quedará en el aire.
Qué quedará en las calles
cuando el aliento gélido de enero
cante con tu acento
y tu voz lejana, ya casi olvidada,
parta la noche en dos,
como tu insomnio.

Dejarás para el recuerdo este legado:
un beso a punto de quemarse,
la luz del último sol de la tarde
sumergida en tus ojos verde mar,
una canción de invierno
meciéndose en la niebla,
como queriendo recordarte,
y todas esas cosas 
que quedaron por decir.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Plegaria a las musas

"... y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad."
JAVIER EGEA

Hay una lluvia de palabras
dentro de mí habitación:
parecen casi de verdad,
están a punto de cobrar vida,
a punto de volverse ceniza
y ensangrentar mis paredes blancas
con su sombría realidad.

Dentro de este cuarto
que este ser que respira
trata de habitar,
hay un incendio de silencios,
el vaivén de un mar que no existe
pero cuyas olas embisten
este precipicio sin alma,
esta perspectiva sin futuro.

Se mecen las palabras con desgana
en este rumor cansado de ideas
que se pelean por ocupar
un lugar relevante en mi memoria.
Si escribir se ha convertido
en acto suicida,
si la tinta emponzoña la piel
más que la sana...

La vida es solo incertidumbre,
ya no hay luz a la que llamar amor,
ni hay amor con el que prender la luz
y razones para vivir
no nos faltan
pero tampoco nos sobran.

Las palabras me empapan
como una lluvia ácida
pero se escurren por mi piel
con burla y arrogancia.
Ya ni siquiera esperan de mí
una última emboscada.

Es ahora perturbador imaginarlas
lamiéndome las heridas,
pero echo de menos cuando ellas mismas
fueron aquel pequeño batallón,
mi particular pequeño pueblo
en armas contra la soledad.

miércoles, 27 de octubre de 2021

La historia

         «Debe haber un lugar donde estar juntos.
                                    Ya más juntos que nunca.
                                        Quizá en este reducto 
                                      de los propios poemas, 
                              pues ¿qué son si no pueden 
                                              salvarte del olvido?
                        Dejo, por si te acercas y los lees,
          cada noche, en la mesa, el libro abierto.»
                                                  JOAN MARGARIT

La historia ocurre en estas palabras
que dejo escritas,
entre líneas,
por si tú te acercas a leerlas.

En un acto suicida,
me dirijo a ti:
te nombro,
existes,
me quedo.
Quédate aquí tú también.

Quiero escribir nuestra historia
en este papel
para poder estar contigo.
Tal vez sea este el único lugar
desde el que poder volver 
a amar de nuevo.

Como si fuera un deseo,
le soplo al papel,
apago las velas.
Encuéntrame
entre toda esta oscuridad,
distracciones y contratiempos.

Yo te espero aquí,
entre verbos, pronombres y adjetivos.
Te espero como mi cuerpo te espera,
como te esperan
mi sangre agitada
y mi corazón hambriento,
como te esperan estas manos
que dibujan en el aire
el encuentro con tu piel.

Te espero sin prisa
pero con urgencia
y dejo estas letras escritas aquí,
como en un libro abierto,
para que tú te acerques a leerlas
y te atrevas a empezar
a pronunciarlas.

martes, 13 de julio de 2021

Despertar

Me quedo gritando en la impaciencia,
me quedo orbitando en una niebla
que desconozco.

Es este síndrome
de dolor atragantado,
el que me sube 
como una arena entre los pies
hasta enterrarme
en mi propio pasado,
en la daga oculta del presente,
en el mañana que no existe,
en un después
que nunca llega.

Así te echo de menos,
con prisa,
con nostalgia,
con urgencia.

Me quedo tiritando en esta niebla,
me quedo susurrando
en este miedo.
Me quedo anudada
a este domingo por la tarde.
Es esta la angustia
de tu inexistencia,
es este el pecado mortal
de tu recuerdo.

Hasta en mis sueños me inventas.
Hasta en mis sueños
me coses una luz
con la que sobrevivir.

Pero qué terror,
qué terror agudo el que me aprieta
cuando me despierto
y tú no estás aquí.

viernes, 18 de junio de 2021

Hipocondría

El corazón late, tal vez.
A veces se traspapela
entre la vida y el pensamiento.
La tele del vecino está tan alta
que apenas puedo escuchar 
la voz de mi conciencia.
Me pregunto si el corazón late.
Hay algo aquí dentro
que no para de moverse,
que revolotea hasta asfixiarse.
Hay un vaivén sobre mi abdomen,
hay consciencia, hay cabeza, hay corazón.
¿Pero late?

domingo, 13 de junio de 2021

Tormenta desatada de verano

Tú que aprendiste a entender
mis suspiros,
enséñame a leer tus silencios.
Ayúdame a comprender eso que dices
cuando no llegas a decir nada,
cuando miras al frente y caminas,
como de espaldas a la realidad.

Dime qué ves en esa tormenta
que se abre un lugar en el cielo,
dime qué escuchas
cuando dejo escapar mi vida
exhalando mi aliento,
dime dónde se posan tus ojos
cuando dispersan su nostalgia
por una ciudad dormida.

Yo no sé qué tienen 
las tardes de domingo.
Dejan en la piel
esa tristeza encogida,
como después de llover.
Con la ropa mojada
me arrastro hacia casa,
me vuelvo invisible en una esquina
para refugiarme de la lluvia,
pienso en ti 
y también yo enmudezco.

Hay en el aire un viento de cambio,
y no sé si me acaricia o si me hiere.
Tú siempre sabes qué decir,
tú siempre sabes qué hacer,
tú pones los objetivos 
al final de una mirada.

No te calles ahora, 
no calles.
Que tu silencio no grita, 
muerde.

Ayúdame a entenderte,
ayúdame a entender esta lluvia
para la que encuentro tantos significados
pero en la que no te encuentro a ti.
Tu silencio te ha cubierto con un manto,
y tú tratas de desaparecer.

No me alejes de ti, 
no me alejes.

Si estás leyendo esto,
si de verdad entendiste ese suspiro,
vuelve, con tu silencio, a hacer llover.
Yo iré corriendo a buscarte.

...

P.D: Este fue un poema con banda sonora. 'How to fight loneliness'. 

domingo, 2 de mayo de 2021

Tu lado de la ciudad

Qué distinta suena la calle
ahora que tú no la habitas.
Hay un silencio triste, acomplejado,
arrinconado en las aceras,
que no se atreve a decir tu nombre.

La ciudad está llena,
y qué distinta suena.
Cuántas veces nos habremos cruzado,
sin saberlo,
cuántas veces, con los ojos congelados,
cuántas distraídos por el viento,
cuántas veces paseando,
buscando la esperanza en una luz,
sin llegar nunca a alcanzarla.

¿Cómo serías tú antes de conocernos?
¿Cómo era yo antes de conocerte?
La calle nunca responde nada.

Recorro tu lado de la ciudad
-dónde estás-,
y cruzo la frontera
que lleva hasta mi casa.
Te dejo atrás
con tus canciones,
te dejo atrás 
con el rechinar de los coches
sobre el asfalto,
con la violencia de las voces
que inundan nuestras calles
de su fervor agresivo,
como de madrugada;
esas que han tomado 
a Madrid como rehén,
y no hay rescate 
que le devuelva su verdadera Libertad.

Bajo la cuesta que lleva a mi casa,
como se baja la vida a la nostalgia
un domingo por la tarde.
Te hago desaparecer.

Tu lado de la ciudad
parece ahora deshabitado,
y mis calles no suenan igual
cuando no te encuentro.

Cierro la puerta de mi casa.
Al fondo, 
la ciudad grita.

Mientras, aquí en mi cuarto,
el silencio no quema: arde.

miércoles, 14 de abril de 2021

Toque de queda

Nunca una palabra
pudo llegar a doler tanto.

Dijo adiós,
pero no dijo «adiós»,
decir adiós quiso decir
que se marchaba,
que el horizonte se difuminaba
allá a lo lejos,
que sus ojos se cerraban del todo.

No quiso mediar palabra,
ni siquiera alargar la despedida.
Tan solo dijo adiós,
como si el día siguiente
nunca fuera a llegar,
como si el mundo entero
no estuviera dinamitándose
lentamente a mis espaldas
mientras sus pasos emprendían
el camino a casa
y yo flotaba en este caos,
en ese y ahora qué,
qué es lo que queda
cuando todo ya se ha terminado.

Tal vez se acuerde de mí.
Quizá al llegar el lunes,
quizá en las horas muertas,
o acaso algún día esporádico
de las próximas semanas.

Me recordará
con nostalgia pero sin urgencia,
como se ve caducar un amor,
como se afronta el final del verano,
como un suspiro una tarde de domingo.

Mientras, por mi calle,
dos enamorados se besan, se abrazan,
se retienen el uno al otro,
no se dejan escapar
antes de despedirse del todo,
antes de tener que volver a casa.

Y yo, frente a la puerta de la mía,
respiro mirando mi reflejo en el cristal.
Y en la humedad de mi triste aterrizaje
en la realidad,
azotan las palabras
como cuchillazos.

Sí, 
me temo que eso 
era el final.

Pero nunca creí
que fuese a doler tanto.

domingo, 7 de marzo de 2021

Tú no vendrás

Una hora más,
y no vendrás.

Si llega la hora,
dentro de una hora,
será tarde.
Tan tarde
que ningún accidente atemporal 
conseguirá que te quedes.

Si el incesante minutero 
que te aguarda dando vueltas
alcanza a besar con sus labios 
las agujas que anuncian
la inminente hora que llega,
al final, tú no vendrás.

Será tarde, muy tarde.

Levantarán las paredes del tiempo
una frontera
que te impedirá llegar.
No te atreverás
a llamar a mi puerta,
o, simplemente, mañana 
tendrás que madrugar,
o habrá sido un día largo
y el cansancio tejerá nidos
en tus ojos.

Tengo que empezar a aceptar 
que, a partir de cierta hora,
tú dejas de venir
y empiezas a retroceder.

Y que si pasa
una hora más
y no has venido,
ya nunca lo harás.

viernes, 12 de febrero de 2021

Un poema para Lucas

No nazcas.
No te precipites al mundo
que te espera de este lado
con un mazo en las entrañas.

No vengas aún, no te apresures,
quédate a salvo 
allí donde el amor te retiene,
allí donde la vida es solo tuya,
donde eres frágil y fuerte al mismo tiempo.
Ahí donde no conoces aún
el sabor de la amargura,
donde oyes la voz 
más iluminada de esta tierra,
que te canta, que te habla, 
que te quiere.
Que te protege con 
la vida que le falta.

Lucas, por favor, aguanta.
Que en este mundo hace mucho frío,
que este lugar al que tú vienes, espanta.
Quédate ahí en el tuyo,
en ese almacén de besos,
unido a esa cadena que te salva,
quédate en el lugar que te sueña,
que juega a imaginar cómo
será tu cara,
si escribirás con la derecha
o con la izquierda,
cómo sonarán tu llanto, tu voz,
tus carcajadas.
Quédate un rato más.

Después te contaremos
el momento tan difícil
en el que nos llegaste.
Que fuiste la única luz 
en mucho tiempo.
Que soñé tantas veces 
con cantarte para dormir,
con tenerte entre los brazos
aún con miedo de que te rompieras.
Que hiciste feliz a una familia
que ya te amó antes de existir,
que tú siempre serás 
el antes y el después 
de nuestra pandemia.
Pero no vengas todavía,  
no nazcas aún.

Llegarás con mayo y con la primavera,
cuando este rincón del mundo 
sea un poco más cálido
y tu madre, mi hermana,
pueda acunarte sin pena.
Aguanta, Lucas, aguanta.

Confía en quien te cuida.
Que este mundo aún
no está hecho para ti,
que aún no puedes 
ser del mundo.

No lo seas. Aguarda.

domingo, 31 de enero de 2021

Si no me miras

Si tú no me miras, amor,
para qué persigo el aire
que atraviesas cuando pasas,
si no me miras.

Para qué ensucio recuerdos
y aborrezco rutinas,
si tú no me miras.

Para qué me bebo en silencio
los besos que no he podido darte,
para qué todo, por qué todo.
Nada tiene sentido
y ya no busco la vida,
si tú no me miras.

Si tú me cierras los ojos
igual que me arrancas 
el alma de la espera,
si decides pasar de largo
sin llegar a entrar nunca en mi mundo,
amor, dime para qué,
para qué mantengo tu espina
ensanchándome las venas,
dime para qué me quedo 
en esta huida que elegí 
para quedarme a tu lado.

Qué sentido tiene 
seguir dejándome mecer 
por esa abominable y civilizada masa estúpida
en la que pago el precio de no ser nadie
para creer y pretender ser parte de algo
que, en realidad, no rima con nada.

No rima con lo que he sido, 
ni con lo que soy,
no rima con el amor que me ha querido,
ni con la vida que yo anhelo.
Dime para qué, por qué pretendo acaso
llegar a ser como ellos
si tú no me miras, amor,
si no me miras.

Mientras ellos se perdían
resbalando en su sudor
bajo tu cuerpo,
mientras tú cantabas
al son de sus acordes repetitivos,
mientras inventabas tu propio ritmo
y ellos dejaban de mirarte,
quiero que sepas, amor,
que yo nunca he dejado de verte.

Y si tú dejas de verme a mí,
dime, herida ardiente,
dime para qué sigo respirando
si tú ya no me miras.